Seleccionar página
En este momento me estoy saboreando, ¿y saben por qué?… Porque la vida sabe rico, ¡muy rico!
Y hoy, definitivamente viví una experiencia de esas con muchísimo sabor.
Debo decir que el ingrediente principal de esa deliciosa  y sabrosa receta, es ese infaltable en la vida y que asegura el disfrute: La capacidad de sorprenderse, y ya les contaré por qué.
Hace unas noches, estando en mi casa, estaba mirando Instagram y me encontré con un post de @tuliorecomienda en el que hablaba de pizza.
Yo, como suele suceder con la mayoría de los post publicados en esta cuenta, empecé a tener mis usuales manifestaciones de amor a la comida: Pupila dilatada, salivé como un perrito cuando huele comida cerca y sentí un vacío en el estómago aún cuando había acabado de comer.
Leí detenidamente el texto que acompañaba el post, sentí en mi boca un sabor a pizza delicioso (toda una experiencia 4D jajaja) y me animé a compartirle un comentario en el que le recomendé una de mis pizzas favoritas, una con sabor de hogar.
Por supuesto, sentí que era un comentario al aire y que no iba a ser leído en medio de tantísimos otros comentarios de muchas personas.
Sentía que era algo así como dejarle una carta al Ratón Pérez y esperar que ese man respondiera 😆.
Sin embargo, un par de horas después recibí un mensaje en el que me saludaban, me invitaban a algo llamado “Brigada Sibarita” y me pedían enviar mis datos a un correo electrónico para contactarme.
Yo pensé: “Bueno, pues una invitación a comer rico no se rechaza, ¡nunca!
Muy queridos y/o desparchados los community que manejan esta cuenta.
Yo, voy a enviar el mail, y veremos qué pasa”.
Luego de eso envié un correo en mi modo “querida pero incrédula” y, simplemente, lo dejé así.
Día siguiente, tipo 4 de la tarde, llamada de un número celular extraño y al otro lado una voz que dijo:
-“Hola Fernanda, con Tulio. ¿Cómo vas? ¿Cómo va esa vida amarilla?
-What? (obvio esta respuesta fue en mi mente) “Hola Tulio, ¿Bien y vos?”
– “Muy bien, te quiero invitar a la brigada sibarita……” (y no podría parafrasear el resto de conversación)
Sólo sé que hablamos cerca de un minuto, luego colgamos, yo sonreí y dije a las personas con quienes estaba:
-“Me acaba de pasar la cosa más charra del mundo. Me invitaron a comer, y el mismo Tulio fue el que me llamó”
Sí, para mí eso era algo diferente y que valoro inmensamente.
El contacto personal, el uno a uno, la cercanía, lo humano.
Alguien que ha hecho de la gastronomía su pasión, que realmente comparte de corazón a corazón y generando una conexión más allá de lo virtual.
¡Que bien!
De seguro, ésta era una de las mejores invitaciones a comer que había recibido.
¡Llegó el día!
Era el día de nuestra cita. Un grupo de completos extraños invitados a sentarse en torno a una mesa a Comer, Compartir y Conectar. Mis “3C” favoritas.
Y aunque tuve un día agitado en el trabajo y llegué un poco después a nuestro compromiso, me recibió un cangrejo sonriente que me indicaba que había llegado a nuestro lugar de encuentro: “Happy crab”.
Sobre la derecha, y cerca a la entrada, una mesa con varios personajes sonrientes que me recibieron con un lindo  y cálido “hola”, además del chico de la Barba, que había visto en las redes, y que era el anfitrión de este encuentro.
Maria José, Carmencita, Luisa, Juan, Manuela y Tulio serían mis compañeros para llenar de magia este encuentro en la casa del cangrejo feliz, una que ofrece lo mejor del mar y en la que fluimos a través de risas e historias que nos conectarán de ahora en adelante.
Nuestra elección: COMPARTIR.
Y fue así como disfrutamos de una carta completa en la que todos probábamos del mismo plato (y yo, me “chupaba” disimuladamente los dedos).
Bastones de cangrejo, palitos con salsa de mora, patacones, camarones… Y ahí no paraba… también comimos hamburguesa de langosta, caneca de camarón, perro con camarones apanados, perro de solomito con cebolla grillé y queso cheddar.
Y mientras escribo esto, pienso en que quisiera que esta fuera mi cena de esta noche y poder repetir 😝
Y no se me olvida que de postre, disfruté un brownie con helado, del cual me comí el 85% y sólo le dejé a Tulio el 15% restante.
Sin embargo, debo reconocer mi favorito: La salsa de mayonesa con cilantro para acompañar las comidas.
Me gustó tanto, que sólo me faltó echarle al vino😂
Esa “salsa de la casa” justo fue ese sello mágico que representó lo que se hace allí, con tanto gusto.
Si me preguntan que si repito, yo respondo: ¿Cuándo vamos?
Me hizo muy feliz esta experiencia…simple, dulce, en conexión.
Gracias, por “ponerle saborcito” a la vida amar-i-lla.