Vol. 2 Historias de auto-sabotaje y sobre cómo me enteré que las orejas de mi amiga le ocupaban la mitad de su cara

Auto sabotaje: Quizá, uno de los hobbies favoritos en la actualidad de todas las personas.

Pero ¡tranquilos!, eso nos pasa a todos – y yo me incluyo en ese parche-. Sin embargo, nos falta un poquito de conciencia sobre su efecto, y acá les tengo una historia para probarlo:

En el 2011, trabajé en una organización muy bacana que se encargaba de manejar las relaciones internacionales de mi ciudad, entre otras 999.999 cosas más. El lugar estaba lleno de gente muy calidosa y tesa (inteligente, preparada, capacitada) y además, un montón de chicas guapas.

Había una de ellas, que especialmente me parecía una mujer de esas que deja mudo a cualquiera, además, era bastante interesante, amable… la chica 10!

Y alguna vez, estábamos en hora de almuerzo en un espacio lleno de pura hormona femenina, hablando sobre nuestros principales defectos y mayores tormentos.

Ella, tomó la palabra y nos contó que sus orejas le generaban un trauma, pues aunque no eran “salidas” o “paradas”, si le parecían de un tamaño muy grande en proporción con su cara.

Yo me asombré, la miré detenidamente y me dije a mí misma: “juep@4a! Las orejas de esta nena le ocupan prácticamente la mitad de su cara”.

Y debo confesarles, que desde ese día, dejé de verla igual. Para mí siempre había sido hermosa, veía un “conjunto perfecto” proporciones armoniosas y, ahora, ya sabía que tenía una cabeza con orejotas y ella misma había sido la culpable que yo lo notara. Mejor dicho, me sentí decepcionada, así como cuando me enteré que “el niño Dios” y sus regalos decembrinos, eran obra de mis papás.

¿Qué aprendí? Que como dicen las mamás: “ El escándalo es el que mata”, y por supuesto, no se trata de ser falsos o esconder cosas evidentes.

Es como si yo dijera que tengo un color dorado intenso, cuando mi blanco es tan brillante que podría hacer cirugía láser inmediata. Y, si me ponen a la luz, se me ven las venas, como a las lagartijas.

¡Pues no! Eso es un poco complejo así que toca compensarlo con otras cualidades, tal como esa de bailar con flow de negrito, aunque en el color no me parezca en nada.

Y 1, 2, 3 por la frase de cajón que voy a sacar: “Nadie es perfecto”. Así que ¡relájese!

Siempre todas tenemos una teta más grande que la otra, y todos tenemos un pie más grande y/o gordo que el otro y por eso nos toca probarnos ambos zapatos cuando nos vamos de compras.

Mi consejo (y el hecho que lo diga no quiere decir que lo tenga 100% aplicado) es: ¡Asúmalo! Y disfrute de lo mejor de usted.

Por ahí uno se topa con un montón de gente que uno dice: “No es que sea el súper bizcocho (lindo, guapo, apuesto) , pero tiene algo”. Y ¡claro! Ese algo se llama que se siente muy cómodo con quien es y sus cualidades.

Párele bolas, que quererse a uno mismo, es el embellecedor más poderoso de todos, y ahí, no hay aguardiente que lo supere.

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