Vol.3 ¿Y si dejamos de pelear por religiosidades y sentimos lo que es amar-i-lla?

Para que me conozcan un poquito más (pues espero que, además de mis “amiguis”, también haya variado “desconocido” leyendo estas historias) nací y caí empelota a una familia antioqueña, de esas tradicionales y forjadas en valores cristianos, católicos, apostólicos y romanos… o algo así parecido.

 

Recuerdo desde siempre haber estado involucrada con ritos propios de la religión: fui bautizada, hice mi primera comunión, mi confirmación, fui a misa, recé un montón de oraciones y estudié en colegios con monjitas. Mejor dicho, santiguada al 100%

Sin embargo, y aún cuando todo esto para mí era bastante natural pues me educaron de esa manera, empecé a “crecer” y el tema se convirtió en algo así como “paisaje”: Esas cosas que pasan, no les prestas atención o, quizás las haces por cumplir.

Ya era un desparche ir a misa y siempre había planes mejores, me daba pereza rezar los “1.000 Jesuses” el día de la Santa Cruz, porque al número 50 ya estaba diciendo “Jebús” o “Sejús”; me cabeceaba igual que mi abuelita cada vez que escuchaba un rosario o me mareaba sólo con alzar la mano: “En el nombre del padre, del hijo…”

 

Cada vez conocía más historias de curitas (sacerdotes) locos, que se metían con pelaitos, que tenían esposa o que se robaban la plata, que peleaban por montones y se dedicaban a juzgar, teniendo como arma, una de las más fuertes: La culpa

Y ahí, fue cuando empezó mi pelea principal con la religión y una de las más malucas con las que he luchado en mi vida personal: “Que si dejás de ir a misa un domingo”, “Que si te comés al novio”, “Que si mentís, aunque sea un poquito”, “Que si no das platica a la iglesia”, “Que si… Que si…” (…) le arde el culo en el infierno y se gana una eternidad de sufrimiento.

¿Una eternidad? Eso es un montón de rato para ser infeliz. ¿Pero entonces cómo actúo o que hago en la vida si la mayoría de cosas son pecado?.

Ahí, entra el factor #2 de la devastación: El miedo, y ese, nunca deja fluir ni ser.

 

Recuerdo muchas veces decirle – con mucha putería- a mi mamá, que si todo era pecado, entonces para qué carajos nos había mandado Dios a este mundo si no se podía hacer nada. Ella, me sonreía y decía: “El mandamiento principal es el amor, que no se te olvide”.

¡Clic! Tuve un momento de iluminación – conexión. Y aunque suene bastante básico, es justo eso lo que da sentido a todo.

Ese man que pintaban mechudo en cuadros, del que leía historias increíbles desde chiquita y que después de un montón de tiempo seguía siendo famoso, siempre hablaba del amor ¡y el amor libera!

 

Esa es la base de todo y se expresa de maneras muy diferentes porque se fundamenta en la experiencia y la experiencia siempre es personal.

 

Muchas personas asocian la fe en Dios o el practicar ritos religiosos como una falta de inteligencia.

“El que cree en Dios es bruto”, “es pobre”, “no tiene de qué más pegarse”, “cuál Dios si esa vaina no existe” …mmm… cada quien elige sobre su vida y justo esto hace parte de su experiencia personal.

No estoy diciendo que con un “chasquear de dedos” o una frase de mi mamá, todo cambió de la noche a la mañana para mí. Sin embargo, mi experiencia con Dios (ese en el que creo y del que hablo) ha sido profunda y fuerte…pero esas, son otro montón de historias que quizá luego les cuente.

Muchas veces sentí pena de decir que sí creía en Él, que iba misa o que “voliaba camándula”, pero ahora, simplemente asumo esas vivencias porque sé que hacen parte del amor y cada quien se las soya como mejor le parezca.

Es como si me diera pena decir que me gusta el más feo del parche y prefiriera esconderlo ante todos aunque me derrita de amor.

Es como si me burlara de alguien porque le dice “osito” o “bebé” a su novio.

 

Algunos quizá prefieran repetir un mantra de sanación o iluminación, como un “OM” mientras que para otros su mantra a repetir es un Padre Nuestro o un Ave María.

Algunos quizá se pongan falda larga y toquen puertas para compartir su mensaje mientras que otros agachan su cabeza contra el piso a horas específicas del día para orar.

Algunos quizá hablen de universo mientras que otros hablan de energía, un ser superior o incluso de la nada.

Mi invitación es a vivir con lo que realmente nos haga vibrar, teniendo claro que todos vibramos siempre con cosas diferentes y de maneras diferentes. Sin embargo, hay un sentimiento que todos llamamos de la misma manera y que nos conecta, pues al final, todos somos uno y hacemos parte del mismo combo en este planeta.

Así que dejemos de pelear por religiosidades y sintamos lo que es amar y ya.

 

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