Vol. 6 Perfecto, ni el culo de Jennifer López

Reto-mar.

Ya voy conectando lo que significa esa palabra y lo compleja que es

¡Reto-mar es todo un reto! El de dejar fluir, el de la calma… Eso que tantos nos (me) cuesta.

Y sí, ya les había contado que desde hace mucho rato tengo un “entripado” gigante que hasta me nubla la visión. Algo que mi profesora de cálculo del colegio definiría como “diarrea mental” y que me ha tenido sin cumplir(me) la promesa de compartir historias.

Pero hoy, y después de un montón de días sin “decir nada”, heme aquí de nuevo con muchas ganas de reto-mar y compartirles una historia que venía escribiendo (y tenía guardada) desde hace un buen tiempo…

 

Hace mucho, (porque en realidad este post lo empecé a escribir como hace 38mil años) en medio de una reunión de trabajo de gente que se cree adulta, decidimos relajarnos un poco y cambiar a temas menos laborales.

Y aunque no me acuerdo del 95% de los temas que tratamos, si recuerdo claramente que en algún momento uno de los chicos del grupo dijo que le parecía una nota que cuando las personas de nuestra generación, llegáramos a la vejez, la ciencia enlazada a la salud estaría tan avanzada, que nuestro estado físico sería mucho mejor.

Quizá con más energía, con motricidad y destreza mayor, con menor desgaste y órganos funcionando en mayor porcentaje.

 

Sin embargo, y como algo natural en mí, escupí una respuesta inmediata y fue: “Sí, pero también más ‘tostados’ (…)”

Y es que la verdad, desde hace rato me viene inquietando un montón las cosas que vienen ocupando la mente de las personas… ¡Mi mente!… y esa manera en la que se llenan de angustia, de ansiedad, de desespero y de desasosiego.

Por eso, aunque crea que quizá físicamente habrá algo mejor, estoy casi segura (y me encantaría equivocarme) que nuestra salud mental puede estar más gastada y envejecida que 18 de las mismas.

 

En este momento, estamos constantemente “expuestos” a un montón de información hiper editada que nos muestra un estado casi que ideal y perfecto, cuando eso, ni siquiera existe.

 

Vos vas navegando en las redes sociales o haciendo zapping en tu tv y, como por arte de magia, ves la imagen de una vieja a la que el pelo se le menea al ritmo del viento, tiene al lado a un man más bizcocho que los de “Susanita”, ves que los dos andan montados en un carro que no tiene ni un solo “cagadito” de pájaro y, además, atrás, andan con un perro que ni siquiera se babea.

¡Mera producción! Y, a todos, se nos empieza a volver “natural”. El inconsciente funciona de una manera tan tesa, que eso que vemos,  se nos vuelve un estándar y es el alimento que le vamos dando día a día a nuestra cabeza y a nuestro espíritu generándole enfermedad.

 

Pero ¿qué hay detrás de todo eso?

Ejemplo sencillo: Cuando una vieja se toma una foto, para publicar en las redes sociales, ¿en cuál de su número de intentos se decide realmente a postear?

Mínimo 2, 3…7 ó 10 y a eso, súmele uno que otro efectico cuca, quizá un leve desenfoque y ¡Listo!

 

No creo que esté del todo mal mostrar nuestra mejor versión. En realidad, queremos demostrar y mostrar a todo el mundo, y a nosotros mismos, algo que nos recuerde eso… que no nos apene ver, que sea digno de exhibir; así como hacen las viejitas de pueblo con sus mejores vestidos para la misa de domingo en el parque.

 

El problema, a mi forma de ver, es que cada vez vamos perdiendo más el foco de aquello que realmente importa y, además, usamos horas enteras para producir algo que mostrar y que  sólo “verán” cuando mucho, unos cuantos segundos.

Es como si nos dedicáramos a alimentar nuestra ansiedad y ese sentimiento profundo de insatisfacción.

 

¿Alguna recomendación? Sí, “se le tiene” y se las comparto apoyándome en unas palabras de Jim Carrey que escuché hace varios días, y me dejaron marcada, cual ganado de finca.

Ese man hablaba que les deseaba a todos que lograran ser famosos y adinerados, y sólo así, se darían cuenta que esa no es realmente la realización personal ni aquello que los llevará a ser felices. Para Carrey, la moneda más valiosa, es el efecto que se tiene sobre los demás. ¡Brutal! ¿no?

Si empezáramos a pensar en darnos valor a través de nuestra afectación positiva en la vida de la gente, si nos dedicáramos a ayudar, si viviéramos para servir, si compartiéramos lo simple… y sí, puede que suene medio “peluche”, pero no es algo que yo me acabe de inventar. En realidad, es algo que han hecho muchos de los personajes que han marcado la historia.

 

Usted ha escuchado vainas como que: “El otro es un espejo de nuestro interior”, “Ama al prójimo como a ti mismo”, “No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” ..etc, etc etc

No crea que todo ese montón de cosas están dichas al aire y por casualidad, ¡no! Todas tienen una semejanza y se cimientan en la base del TODOS SOMOS UNO.

 

A veces, se nos hace más fácil el  autosabotearnos o sabotear el otro, el ver desde una esquina, el añorar algo que creemos imposible y que no genera más que insatisfacción y frustración en nuestro interior.

Siempre esperamos el día perfecto , la persona perfecta, la comida perfecta o, como yo, el momento perfecto para dejar mi “diarrea mental” y volver a escribir. Pero como dijo una amiga, por lo menos sé que es amarilla y de ahí lo que sigue es dejar fluir y retomar…

 

Queridos amigos(as), perfecto, ni el culo de Jenifer López. El asunto es que ella sí que ha sabido encontrarle el ángulo.

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